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sábado, 19 de noviembre de 2011

Mostrar y no mostrar: violencia

Después de un año me decido a volver a escribir, no porque de repente haya pasado algo realmente destacable, no porque tenga demasiado tiempo libre, sino porque lo echo de menos. El ciberespacio y las pequeñas letras de mi netbook me llaman.

La primera entrada después de tanto tiempo debería ser una entrada amable, pero en lugar de eso he decidido aludir al eterno debate de los medios de comunicación: qué mostrar y qué no mostrar, una clásica pregunta a la que recurrió mi pensamiento al consultar la noticia de la muerte de Gadafi casi un mes atrás. Digo consultar porque me encuentro en Londres de Erasmus, sin televisión, por supuesto, dependiente de las publicaciones españolas online.

Ese día coincidió con el anuncio de ETA, por lo que en la misma media hora vi a unos terroristas hablar cómoda y orgullosamente sobre su trayectoria y futuro y a un colectivo enloquecido maltratar y asesinar a un hombre. Digo mal, no vi cómo lo asesinaban, era demasiado que soportar en escasos treinta minutos así que no vi el video completo. Con expresión horrorizada hablé con mi familia ese mismo día y por ellos supe que aquellas imágenes que tanto me habían impactado habían sido repetidas incesantemente en las televisiones españolas. Pero, ¿es realmente necesario?

La sociedad de la imagen exige pruebas visuales para todo lo que sucede, pero la moral, el sentido común y, sobre todo, la sensibilidad han de actuar para una apropiada autocensura. ¿Sensacionalismo o información? En este caso, sobre el cual he discutido ya con varias personas, existe diferencias de opinión.

Por supuesto que el mundo es violento y salvaje y se ha de mostrar tal como es. Imágenes de pobreza y miseria invaden nuestras salas de estar mientras tomamos cómodamente nuestras comidas y charlamos sobre qué tal nos fue la mañana. Nuestra sociedad se inmuniza contra estos sucesos y solo nos afectan parcialmente, lo suficiente para sentir nuestra humanidad y, en algunos casos, actuar al respecto.

A mi entender, esas imágenes son mostradas con un propósito triple: el impacto, aprendizaje y acción. Buscan llegar hasta la persona que lleva una vida cómoda y hacerle entender que no todos pueden vivir como él. Una vez que entiende eso puede actuar. Pero no se puede actuar en contra de un asesinato, no existe ningún propósito detrás del hecho de mostrar el salvajismo en estado puro. Decir que Gadafi ha sido asesinado, por quién y cómo, a mostrarlo, no cambia nada.

En este sentido, las actuales tecnologías brindan infinidad de posibilidades. ¿Por qué no dar la opción de ver el video a aquellos que realmente lo deseen a través de Internet y simplemente dar la noticia en el telediario sin tener que presenciar el asesinato en vivo? Porque prevalece la imagen, el sensacionalismo y el morbo, y porque si yo no lo enseño, lo enseñará el canal de la competencia. No aludo a una regulación procedente del gobierno en la que se especifique qué se debe mostrar y qué no, eso sí sería censura dejando aparte los temas ilegales. La autorregulación debería ser suficiente para evitar insensibilidades como ésta, pero aparentemente no es así.

En un caso normal os dejaría con el video al que hace alusión esta entrada, pero dado mi argumento dejaré que aquellos que quieran verlo lo busquen por ellos mismos, existen muchas web en las que verlo. Sí, esto es Internet y podría mostrarlo, pero no lo voy a hacer.

Autocensurada me despido.

jueves, 30 de diciembre de 2010

Día triste, una derrota para el periodismo

Es una pena que con todas las actualizaciones que tengo pendientes, algo tan urgente surja y me obligue a actualizar el site dos días antes de terminar el año con la noticia más triste del 2010 en lo que a medios de comunicación y periodismo se refiere: CNN+ ha dejado de emitir.

Si encendemos nuestra querida “caja tonta” y sintonizamos el canal de la CNN+ nos quedamos petrificados, paralizados y horrorizados ante la visión de un logo de Gran Hermano 24 horas. El mayor canal de noticias, el referente periodístico y el gran avance de televisión española adaptando el modelo norteamericano, ha desaparecido por las ambiciones sensacionalistas, morbosas y de supuesto entretenimiento que son la bandera de Telecinco.

La fusión provocada por las monumentales deudas de Prisa que conocíamos hace un año se ha cobrado víctimas más o menos importantes. Sabíamos que la temible y virulenta criatura de Berlusconi podía infectar los telediarios e informativos de Sogecable, pero lo que no sabíamos era que la herencia de Vasile sería capaz de engullir lo poco que destacaba de una caja que por culpa de creaciones tan aberrantes como esta es cada día más tonta.

El último comentario de Gabilondo como apología a la no resignación, al periodismo como herramienta útil y necesaria, con su “seguiremos intentando conocer” pero “no es muy seguro dónde contarlo” define exactamente lo que le pasa a esta televisión llena de aburridas e infinitas tertulias, que no aportan nada y que pasan por información siendo simples huecos rellenos de palabras insulsas y contenidos banales.

En las despedidas se habla de la rentabilidad, una palabra que se ha introducido en prácticamente ya todos los aspectos de la vida y que marca nuestro hacer personal. No se puede tener rentabilidad en todo lo que se produce. Existen pérdidas que se contrarrestan con los millones y millones que se ganan por otros lugares. ¿Qué mejor, entonces, que perder dinero haciendo un servicio público? Porque eso es lo que es el periodismo, un servicio público.

Alguien me dijo hoy: la audiencia es la que manda. Permítame que lo dude. Si de cuatro canales, los cuatro nos ofrecen series de televisión a la vez, o realities a la vez o aburridos programas de por la mañana a la vez, ¿dónde está la elección? Se elige entre lo que se ofrece, y lo que se ofrece ahora es Gran Hermano 24 horas, ¿de verdad eso es una opción?

Y digo yo, si nosotros, los estudiantes, vamos a ser el futuro del periodismo en este país, ese futuro incierto del papel, de la radio obsoleta llena de viejas fórmulas compuestas por bloques enormes de cuatro horas de programación, y de la televisión, con sus enormes posibilidades todavía sin explotar, somos nosotros los que tenemos en la mano que esas protestas enfrente de la sede de CNN+ no se queden en nada. Somos nosotros los que tendremos que renovar un sistema que se ha quedado anticuado y se ha degradado hasta cambiar un referente de la información por cuatro NiNis rascándose la barriga encerrados en una casa. Somos nosotros los que, como Scorsese y otros tanto en los 70, tenemos que decir a las “viejas glorias” aquí estamos nosotros, lo que hacéis no nos gusta, nosotros somos los que consumimos y nosotros crearemos lo que queremos consumir.

martes, 16 de noviembre de 2010

La censura se vuelve a imponer, esta vez en el desierto

En un mundo en que Internet parecía haber abierto las puertas a la información sin límites, parecía haber convertido nuestra aldea en global, parecía haber conseguido crear un espejo en el que el mundo se reflejase y observase a sí mismo, un velo se ha vuelto a interponer entre ese mundo y su imagen. La libertad ansiada y pretendida con la red no es tal, pero no es debido a las propias condiciones del sistema, sino a gobiernos y sociedades que lo restringen.

Esta semana hemos asistido al despreciable comportamiento de Marruecos censurando periodistas y vetando la información proveniente del Aaiún. Incluso se ha atrevido a justificarse declarando que “ciertos” periodistas se comportan más como activistas que como periodistas y que las noticias emitidas sobre lo ocurrido son sesgadas, nada objetivas y un largo etc bastante más directo que estas palabras.

Pero este suceso no sirve sino para advertir una vez más, en el plano informativo, de algo que ocurre en el mundo a diario: censura y manipulación informativa. Se cuentan por decenas los países que restringen el acceso a Internet de sus ciudadanos, desde la utilización de herramientas sociales, hasta la prohibición de Facebook en el cas de China. Quería enlazaros a informes en los que esto se especificase, pero no he encontrado ninguno lo suficientemente reciente.

Sí que he encontrado datos curiosos como el nuevo proyecto de Google para la denuncia de la censura informativa: un mapa en el que se señalen aquellos lugares en los que su utilización se está viendo condicionada por algo. Digo curioso porque precisamente Google colaboró con China en la elaboración de una versión china del buscador que restringiese las búsquedas a páginas aprobadas por el régimen. Y digo curioso también porque parece ser que el invento funciona de tal forma que también advierte cortes de luz, etc, como formas de restricción de su sistema e incluye países como España o EEUU en la lista.

Volviendo al Sahara, desde aquí, todo el apoyo a esas personas inocentes que están sufriendo y que lo llevan haciendo desde hace 35 años. Un pueblo oprimido que no ve el día en que esto acabe y por el que hay que presionar a todos aquellos organismos gubernamentales capaces de hacer algo para solucionar el conflicto. Desde aquí, una voz más alzada por un Sahara libre y dispuesta a gritar por el derecho fundamental a la libertad de expresión e información.

martes, 1 de diciembre de 2009

El periodismo se queda con el culo al aire

Diego P. V. no es un asesino. O eso es lo que dicen ahora los medios de comunicación informados con comunicados institucionales, los mismos que se utilizaron para afirmar lo contrario: que había matado a la hija de tres años de su novia. Ahora las culpas se reparten entre los informantes y los mediadores. Gracias a este lamentable error, la crisis del periodismo y de modelo que se lleva gestando desde hace algún tiempo ha alcanzado el debate público.

Ayer, en Los Desayunos de La Primera se comentaba cómo, con el paso de los años, el periodista se ha convertido en un simple altavoz de las instituciones. Ya no se investiga, no se contrasta, no se verifica… Poco tiempo y cada vez menos profesionales en los medios convierten al periodismo en un trabajo de gestión de comunicados.

Se necesita un nuevo modelo periodístico enfocado, además, al nuevo entorno digital que se está afianzando y que los medios aún no toman en cuenta. Que este debate haya traspasado las conferencias universitarias para llegar al público es un paso adelante. Sin embargo, no soy optimista. Lo normal es que la semana que viene este tema ya no tenga vigencia y se abandone. Pero no debe ser así.

Si este caso ha servido para sacar a la luz las malas prácticas periodísticas (sin olvidar la responsabilidad que recae en el informe médico) debe ser aprovechado para erradicarlas. El periodismo debe ser investigación, conocimiento, veracidad, pluralidad… En definitiva un contrapoder y no un altavoz de instituciones, no sus peones.

jueves, 30 de julio de 2009

¿Explosión o atentado?

Las palabras son poderosas y muchas veces hay que tener cuidado con ellas. Hoy he tenido que romper mi silencio vacacional debido a un tema lingüístico que me ha intrigado.

Normalmente me gusta ver dos telediarios a la vez. Pues bien, mientras Antena3 comenzaba con el titular de un nuevo atentado de ETA en menos de 24 horas, la Primera confirmaba una explosión, y ya en el desarrollo de la noticia, y después de pronunciar la palabra “explosión” innumerables veces, comenzaban a hablar de atentado cuando se comentaban las condenas.

Antena3 se esmeraba en repetir la palabra “atentado” y que la zona estaba acordonada por el temor a una nueva explosión, hecho que no se mencionó en TVE, la cual recalcaba que la noticia del día era la muerte de los dos guardias civiles por la explosión ocurrida en la zona de Palmanova poco antes de las 2 de la tarde.

Y claro que no tengo ni idea de cómo funciona la tele y sus entresijos, pero aún hay algo en el informativo de la Primera que me ha dejado sin parpadear (y supongo que le habrá pasado a más de uno). Normalmente, si se toma una declaración de un testigo se edita a continuación para emitirse más tarde. Hoy no, se ha hecho todo en directo, algo que se puede entender por las horas del atentado, pero que se podría haber evitado metiendo una noticia en medio, grabando la declaración y editándola (cosa que se hizo después para emitirlo dos veces en todo el telediario). Y aunque el hombre ha sido muy correcto, el viva el periodismo ciudadano en esta situación a mi no me convence. Esta práctica propia de programas pseudoinformativos debería quedarse ahí, en las mañanas. Y ya al final del informativo de la primera comienza a oírse con más confianza la palabra atentado.

En fin, media hora que no he podido dejar escapar para incluirla en este blog. Porque claro que las palabras hay que tratarlas con cuidado, pero también hay que hablar con propiedad.

Y en unas líneas sobre un atentado terrorista es inevitable hacer una pequeña reflexión sobre aquellos que dicen luchar por algo propio arrebatándoles a los demás lo suyo. Esas “personas” que defienden algo indefendible y que pretenden edificar muros en lugar de difuminarlos, como en mi opinión debe hacer una sociedad moderna. Y digo “personas” porque los terroristas lo que son es asesinos. Y digo defender lo indefendible porque un trozo de tierra y una cultura respetada no se merecen los muertos que tienen, y porque pretender separar a las personas me parece una meta depravable. Es indefendible porque una comunidad como es la humanidad no debe estar nunca separada, nos ha tocado vivir en el mismo mundo y por muchas líneas en el mapa que aparezcan estamos unidos por agua y tierra. El terrorismo nunca tiene un sentido racional. Una vez el mundo lo haya superado, el ser humano habrá llegado a una nueva fase; hasta entonces debemos sufrir las consecuencias de la barbarie.

Volviendo al letargo me despido.